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miércoles, 18 de septiembre de 2013

El tomar

Frankfurt, Octubre 2010



Entonces el curso se termina hoy. Todavía tengo que decir algo importante sobre el comienzo. Todo comienza. ¿Cómo empieza nuestra vida? ¿Cómo empieza toda la vida? A través del tomar. Tomar, tomar, tomar. En cada momento necesitamos el aire. Entonces lo tomamos a través de la inspiración. Cada día necesitamos algo para comer y beber. Entonces tomamos, tomamos,... tomamos. Sólo podemos movernos cuando tomamos. Estamos aquí en esta bella ciudad. ¿De qué manera podemos movernos aquí? Es porque muchos nos lo facilitan para que podamos encontrarnos aquí y en todas partes. Podemos estar aquí sólo cuando tomamos. La pregunta es, ¿Somos conscientes de eso?

Entonces es una imagen bonita ver a un pájaro construyendo el nido y luego vienen los pajaritos y ¿qué hacen? Toman, toman, toman. ¿Y qué hacen los padres? Dan, dan, dan. Y ambas cosas son adecuadas. Los jóvenes pueden crecer sólo porque toman. Esto es el curso de la vida. Todos tienen que tomar y luego, cuando sean grandes como sus padres, dan. ¿Y el tomar? No tenemos que merecerlo. Primero tenemos que tomar.

¿Tengo que hablar más sobre este tema? Entonces todos vosotros aquí tomáis y yo doy. ¿Y por qué puedo dar mucho? Es porque antes tome mucho y eso me llena. Eso no me cuesta nada, me relajo. La pregunta es, ¿Dónde quedó nuestro tomar cuando nos hicimos adultos? ¿Nos acordamos de lo que tomamos de nuestros padres? ¿Lo tomamos? ¿Lo tomamos plenamente o lo rechazamos después de un tiempo? Algunos dicen a los padres: no quiero nada de ti. Y cierran su corazón y se hacen pobres.

Cerrad los ojos.

Miremos ahora a nuestra madre y nuestro padre. Cuanto nos han dado desde el principio y nosotros lo tomamos. Teníamos que tomarlo, de otro modo no estaríamos vivos. Cada día cada noche teníamos que tomar para vivir. ¿Lo respetamos? ¿De verdad lo tomamos? ¿Exigíamos, tenéis que dar más? No tomando lo que ellos daban en cada momento. ¿Nos hicimos completos gracias a lo que ellos nos han dado? ¿Pusimos alguna frontera: no, es demasiado? ¿Y qué pasó entonces con nosotros?

Nos cerramos en vez de abrirnos.

¿En qué medida nos hicimos estrechos? Porque nos defendíamos contra este tomar. ¿Nos sentimos más grandes rechazando este tomar? ¿Qué ocurría entonces en nuestro cuerpo? Y cuando luego se trataba de dar y servir, ¿teníamos fuerza para eso?

Y ahora retrocedemos hacia nuestra madre y nuestro padre y les decimos: “Ahora lo tomo todo, toda la vida con todo lo que le pertenece”. Y sentimos cómo actúa en nuestro cuerpo, como de repente nos extendemos, felices. En la felicidad se revela que sólo hay felicidad completa, no hay felicidad a medias. De esta manera, tomando todo lo que se nos regaló, nuestras caras empiezan a brillar.

Ok.

Entonces con este tomar no es tan fácil. Es decir, hay una causa muy concreta: el que toma está bajo una presión. Es decir, no puede guardarlo sin dar. Esto es un movimiento de consciencia, de la buena consciencia en movimiento. Cuando recibo algo me siento culpable frente a la persona que me ha dado y debería darle algo. Cuando le doy, entonces de nuevo me siento ligero y descargado. En algunos países, cuando se abre un negocio, se hacen ofertas. Cuando recibo algo, tengo que comprar también. Es un ley bonita, el que toma tiene que dar también.

Y luego hay un modo extendido de escapar de esta necesidad de dar. Simplemente no se toma nada, entonces no hay que dar nada. Es un ascetismo para sí mismo y luego iré al cielo. Totalmente solo.

Ok. Lo he dicho de un modo general. Esto es un gran espacio en el ámbito de dar y recibir.

Sólo voy a decir una cosa antes de que empecemos a trabajar. No siempre tengo que dar a la persona que me regaló algo, lo puedo transmitir a otros. Por ejemplo, así es con nuestros padres. Nosotros no somos capaces de devolverles nada, porque ¿qué podríamos devolverles? Unos regalos de cumpleaños, unas bagatelas. Nunca podemos igualarlo. Lo pasamos adelante. Yo, por ejemplo, os lo doy a vosotros y me da mucho placer. No lo siento como una carga, lo hago con alegría.
Bert Hellinger

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